
LLueve en Sevilla a mares de repente y sale el sol después dejando que las gotas se cuelen timidamente entre los claroscuros que tiñen los cielos...y sin embargo me dejo atravesar por el agua que cae desde arriba mientras que atravieso el puente y los zapatos se hunden entre barro y charcos, sin quejarme, simplemente disfrutándolo...
Llueve en Sevilla, y sin embargo, los grises no me atenazan con colorearme mi interior de melancolía. El aire que anuncia lluvia me alborota los pelos como dedos traviesos y las fachadas pierden el juego de luces y reflejos de esos que solo he contemplado por estas tierras...pero sin embargo, no producen torbellinos de inseguridades por dentro...
Llueve en Sevilla y ella recorre las calles, las que fueron nuestras, en diferente compañía y sin embargo mi falta de exclusividad no me atormenta ni me llena de tristeza...
Porque aunque llueve en Sevilla, también sale el arcoiris brindándonos un espectáculo de luces, contrastes, enfoques...quedándome con ésto último, dejándome iluminar por su intensidad, su gama de colores traducida en olas de felicidad por dentro:como su abrazo, como su beso, su mirada entre melancólica y feliz, el cafe y las cervezas compartidas en su compañía, la seguridad de que "ya estamos en otro punto". Luz como estar en el Salvador con mi mejor amigo radiantes de felicidad por hacer lo que queremos, por sentirnos libres de elegir y querer.
Porque llueve en Sevilla y yo me quedo con la luz del arcoiris aligerando mi inetrior...como su sonrisa, su voz, su blog, nuestro vértigo, las ganas, la espera que no pesa, los besos en horizontal, vertical y diagonal. Como la magia de haberme colocado en la línea de salida de una nueva ruta o etapa repleta de senderos traducidos en posibilidades sensoriales_emocionales...
Y porque aunque llueva en Sevilla...yo solo consigo sonreir.
Vuela la veintisiete con imagen recien sacada de mis retinas. Con olor a tierra mojada, cielos grises pero azules intensos radiantes por dentro.